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Ferdinand enters the scene
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Dorothea enters the scene
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Ferdinand
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Ah, ¡llegas en el momento justo! ¿Te apetecería regalarte el paladar con uno de los dulces que he preparado?
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Dorothea
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¡Caray, Ferdie!... No sabía que también tuvieses talento para la pastelería.
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Ferdinand
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¡Ay, Dorothea! Me halagas en exceso.
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Dorothea
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Pues esos pastelitos tienen una pinta de lo más apetitosa...
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Ferdinand
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Es la primera vez que intento algo así, y debo reconocer que obtener un resultado decente me ha costado varios intentos fallidos.
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Ferdinand
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Confieso que me puse a cocinar para tratar de resolver el acertijo que me planteaste. El motivo de que me odies.
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Dorothea
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Ah, ¿sí?
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Ferdinand
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Dijiste que te recordaba a las abejas, animales famosos por ser trabajadores diligentes.
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Ferdinand
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Sus hogares son espaciosos, heredan enormes fortunas en forma de miel... Igual que yo, que tampoco hice nada para ganarme mi patrimonio.
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Ferdinand
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Concluí que quizá me verías con otros ojos si consiguiese algo por mis propios medios.
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Ferdinand
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Mi plan era simple: tratar de recrear tu trayectoria, desde la más absoluta pobreza hasta convertirte en una famosa artista.
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Dorothea
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¿Y qué hiciste para empezar de cero? ¿Renunciar a tus títulos nobiliarios? ¿Donar tus riquezas?
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Ferdinand
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No... ¡Lo que hice fue esto!
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Ferdinand
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Yo mismo me procuré todos los ingredientes necesarios para los pastelitos, sin ayuda de nadie.
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Dorothea
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Con «ingredientes» te refieres a harina y azúcar, ¿no?
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Ferdinand
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Sí. Conseguí la harina como pago por arar los campos. El azúcar provino de un mercader al que ayudé con su carga.
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Dorothea
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¿Y quién cocinó? ¿Tú solito?
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Ferdinand
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¡Obviamente! A cambio de colaborar con ciertas tareas, se me permitió usar los fogones de noche.
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Dorothea
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Vaya... Me dejas alucinada, de verdad. Oye, si los ojos no me engañan, hasta diría que has sufrido un accidente. ¿Te duele la mano?
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Ferdinand
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Me la quemé un poquito al hornear los pasteles, mas no tiene mayor importancia.
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Dorothea
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Tonterías. Creo que te va a quedar cicatriz, así que mejor será que te acompañe a la enfermería.
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Ferdinand
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¡Aguarda, Dorothea!... Ni siquiera has probado los dulces...
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Ferdinand, Dorothea enter the scene
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Dorothea
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Bueno, creo que ya está, Ferdie. Un noble de verdad también debe cuidar de su físico, ¿sabes?
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Ferdinand
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¡Estoy harto de oír lo mismo! Que si los nobles esto, que si los nobles aquello... Aunque esta vez he detectado menos desprecio en tu tono.
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Dorothea
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No se te pasa una... Tienes razón: puede que me hayas hecho cambiar un poco de opinión.
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Ferdinand
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¿Lo dices en serio? ¡Por fin se cumple mi ansiado sueño de que nos convirtamos en amigos! Bien, propongo que...
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Dorothea
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He dicho «un poco». Y, por cierto, todavía no has averiguado por qué me recuerdas a una abeja.
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Dorothea
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Cosa que me hace mucha gracia porque ahora mismo te pareces a una más que nunca. ¡Adiós!
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Dorothea leaves the scene
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Ferdinand
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(Vaya, parece que sigo siendo una abeja... Una de lo más perdida, además.)